lunes, 18 de julio de 2016
si, si.
me dolerìa menos la cabeza.
normalizarìa el pulso.
no traicionarìa a nadie.
podría cerrar la cueva del gran conflicto
despreocuparme de mi aspecto y desalìneo
y por fin, descansar de tanto apremio.
si, si,
sería mucho màs fácil
tener el corazón en la vereda
y regarlo en verano
cobijarlo en invierno
y no sè quièn sos, què te creìste,
y a mi què me importa si viniste...
¡Pero es el destino!
¡este destino de hacer papelones!
de verte un brazo, una pierna, un labio
y empezar a temblar como un idiota
al punto tal de abandonarlo todo
y hacer que me pregunten què me pasa.
Que me gustàs, me pasa.
Y nada, nada, nada...
¿ y te parece poco?
vas a llegar
los ojos están atentos
aunque la vida sea corta
la gente se aburre mucho...
vas a llegar
y el dìa menos pensado
en el momento màs absurdo
te besaràn las manos o la frente
o se fundirán con vos
en un abrazo.
vas a llegar
sobre todo porque te gusta el camino
y saltàs y hacès cabriolas
y te miran porque no saben leer
porque no quieren
tan sòlo necesitan espectáculo.
vas a llegar
con los pies a la miseria
la boca seca y la sonrisa nueva
llena de piedras...
y cuando llegues
no habrá lugar para vos
no sabrán què decirte...
habrá una copa de vino
o con jugo de fruta
o un bocado de no sè
de alguna cosa...
y sonreirás porque llegaste.
y lo demás no importa.
los ojos están atentos
aunque la vida sea corta
la gente se aburre mucho...
vas a llegar
y el dìa menos pensado
en el momento màs absurdo
te besaràn las manos o la frente
o se fundirán con vos
en un abrazo.
vas a llegar
sobre todo porque te gusta el camino
y saltàs y hacès cabriolas
y te miran porque no saben leer
porque no quieren
tan sòlo necesitan espectáculo.
vas a llegar
con los pies a la miseria
la boca seca y la sonrisa nueva
llena de piedras...
y cuando llegues
no habrá lugar para vos
no sabrán què decirte...
habrá una copa de vino
o con jugo de fruta
o un bocado de no sè
de alguna cosa...
y sonreirás porque llegaste.
y lo demás no importa.
jueves, 19 de noviembre de 2015
escribir poemas espontáneos
es una forma de duchar la angustia,
de refrescarla un poco,
de tener en cuenta que uno está habitado
por muchas razones que lo vuelven loco.
escribir poemas es acompañarse,
tenerse paciencia, caminar descalzo
por senderos suaves de charcos y lirios
o calles abruptas con pozos y vidrios.
escribir poemas es mala costumbre,
es para que dios, que alumbra,
me alumbre.
deambulo,
pienso, pienso...
la tarde se estaciona
en mis ventanas
las plantas enloquecen
si las miro
anoche hemos hablado
hasta que vino el sol...
estamos vivos.
moriremos algún día
- ojalá que de pronto,
y no despacio -
pero eso es el futuro,
quizá nunca.
Ay... ¿no es cierto que si,
que quizá nunca ?
pienso, pienso...
la tarde se estaciona
en mis ventanas
las plantas enloquecen
si las miro
anoche hemos hablado
hasta que vino el sol...
estamos vivos.
moriremos algún día
- ojalá que de pronto,
y no despacio -
pero eso es el futuro,
quizá nunca.
Ay... ¿no es cierto que si,
que quizá nunca ?
cuando uno se quita
una pena de encima
en realidad, la saca de adentro.
hay penas fáciles de echar,
que se van si uno enciende
una luciérnaga.
y hay penas que se atropellan,
que no llegan a penas,
cotidianas y efímeras...
ni bien pasa un niño con un globo,
se salen solas.
también hay penas más empecinadas
que ponen palos en la rueda
y se burlan de los sahumerios y las risas.
pero todas se pueden sacar
con tiempo, con esfuerzo
y buenas compañías.
sólo las penas viejas
se atrincheran.
inquilinas feroces del conventillo,
pernoctan allá... en los últimos
cuartos, sin desalojo posible,
vitalicias...
¡terribles las penas viejas!
no salen así nomás,
se aferran a los marcos de las puertas...
hay que cinchar, empujarlas,
y, al cabo, resignarse...
como algunos tenemos tres o cuatro,
procedamos con cuidado en la pelea:
furiosas de sufrir,
sucias de encierro,
son capaces de clavarnos sus bastones
de viejas locas
en la cabeza.
una pena de encima
en realidad, la saca de adentro.
hay penas fáciles de echar,
que se van si uno enciende
una luciérnaga.
y hay penas que se atropellan,
que no llegan a penas,
cotidianas y efímeras...
ni bien pasa un niño con un globo,
se salen solas.
también hay penas más empecinadas
que ponen palos en la rueda
y se burlan de los sahumerios y las risas.
pero todas se pueden sacar
con tiempo, con esfuerzo
y buenas compañías.
sólo las penas viejas
se atrincheran.
inquilinas feroces del conventillo,
pernoctan allá... en los últimos
cuartos, sin desalojo posible,
vitalicias...
¡terribles las penas viejas!
no salen así nomás,
se aferran a los marcos de las puertas...
hay que cinchar, empujarlas,
y, al cabo, resignarse...
como algunos tenemos tres o cuatro,
procedamos con cuidado en la pelea:
furiosas de sufrir,
sucias de encierro,
son capaces de clavarnos sus bastones
de viejas locas
en la cabeza.
sábado, 8 de agosto de 2015
Tengo ganas de una calle
de árboles altos y viejos
para nada solitaria
pero tranquila y sin viento...
Que esté cerca de tu casa.
Con balcones y silencio.
Tengo ganas de sentarme
con un libro de Banville
y esperar y ver qué pasa...
como allá, en aquellos días
en que quizás me esperabas...
Quizás pases caminando
y yo deje de leer...
que igual te quiero, te quiero
aunque ames a una mujer.
de árboles altos y viejos
para nada solitaria
pero tranquila y sin viento...
Que esté cerca de tu casa.
Con balcones y silencio.
Tengo ganas de sentarme
con un libro de Banville
y esperar y ver qué pasa...
como allá, en aquellos días
en que quizás me esperabas...
Quizás pases caminando
y yo deje de leer...
que igual te quiero, te quiero
aunque ames a una mujer.
lunes, 6 de julio de 2015
Vámonos, que terminó.
Ya sé que hace frío,
que las manos no encuentran cobijo,
que los solos que podrían ayudarnos
están más solos que nosotros.
Pero ya terminó.
Y es un invierno cruel y desafiante
con caminos para abrir en monte áspero,
tiritando. Tiritando, claro.
De lágrimas congeladas en la cara
y mudez sin sonrisa ni consuelo.
Pero es así. Ha terminado y punto.
El último milagro apagó la luz sin avisarnos.
Habrá que irse con toda dignidad
pisando escarcha.
Como se pueda. Lejos.
Y así nomás, sin lo que nos quitaron,
sin saco y sin reservas
y, sobre todo, sin miedo.
Ya sé que hace frío,
que las manos no encuentran cobijo,
que los solos que podrían ayudarnos
están más solos que nosotros.
Pero ya terminó.
Y es un invierno cruel y desafiante
con caminos para abrir en monte áspero,
tiritando. Tiritando, claro.
De lágrimas congeladas en la cara
y mudez sin sonrisa ni consuelo.
Pero es así. Ha terminado y punto.
El último milagro apagó la luz sin avisarnos.
Habrá que irse con toda dignidad
pisando escarcha.
Como se pueda. Lejos.
Y así nomás, sin lo que nos quitaron,
sin saco y sin reservas
y, sobre todo, sin miedo.
sábado, 27 de junio de 2015
Las madrugadas son imprescindibles
si el día se ensució, para lavarlo;
si el día nos colmó, para festejo...
Las madrugadas son imprescindibles
mientras se fuma el último cigarro
y mudo se conversa con el perro
que no entiende qué hacés y que se duerme.
Las madrugadas son imprescindibles
porque a veces llega dios, de alguna forma
a tocarme, a mirarme y sostenerme.
si el día se ensució, para lavarlo;
si el día nos colmó, para festejo...
Las madrugadas son imprescindibles
mientras se fuma el último cigarro
y mudo se conversa con el perro
que no entiende qué hacés y que se duerme.
Las madrugadas son imprescindibles
porque a veces llega dios, de alguna forma
a tocarme, a mirarme y sostenerme.
De pronto,
igual que un derrumbe,
se me vino encima
la poca alegría que pude juntar.
Un trémulo estruendo
en silencio sordo
me aplasta entre escombros
y, sin respirar,
asomo los dedos, asomo la cara,
entre la avalancha
que habré de sortear.
No me den la mano.
Se me vino encima
la poca alegría que pude juntar.
igual que un derrumbe,
se me vino encima
la poca alegría que pude juntar.
Un trémulo estruendo
en silencio sordo
me aplasta entre escombros
y, sin respirar,
asomo los dedos, asomo la cara,
entre la avalancha
que habré de sortear.
No me den la mano.
Se me vino encima
la poca alegría que pude juntar.
sábado, 24 de enero de 2015
Permanezco sentado, indiferente.
Me dice que parezco una momia.
que ni siquiera fui capaz de levantar el cenicero
hecho trizas a mis pies.
Y aprovecha, claro, para reprocharme que anoche...
apagué las colillas en el piso como si tal cosa.
Golpea la puerta y sale y vuelve a entrar.
Si no me quisiera, creería que me odia.
Se acerca, hace un movimiento de manos,
me toca la cara como si me viera por primera vez.
No tuve la ocasión para avisarle.
Dice: no, con una potencia de voz inusitada.
Y repite: no... no...no... no...
Se ha dado cuenta.
Me dice que parezco una momia.
que ni siquiera fui capaz de levantar el cenicero
hecho trizas a mis pies.
Y aprovecha, claro, para reprocharme que anoche...
apagué las colillas en el piso como si tal cosa.
Golpea la puerta y sale y vuelve a entrar.
Si no me quisiera, creería que me odia.
Se acerca, hace un movimiento de manos,
me toca la cara como si me viera por primera vez.
No tuve la ocasión para avisarle.
Dice: no, con una potencia de voz inusitada.
Y repite: no... no...no... no...
Se ha dado cuenta.
martes, 16 de diciembre de 2014
Así no es.
¿qué pasa que hay tanto artista
presumiendo en la revista ?
¿o me caí y me he golpeado
y no sé dónde he llegado ?
ay,,, ¿qué le pasa a esta gente
que arribó tan de repente?
¿tantas cosas ya ha leído
o todo está bien fingido?
Parecen monos de feria
coqueteando con su histeria.
Unos pintan, otros cantan.
Hay quien escribe bonito
y la posa de exquisito.
¡Qué fácil les sale todo!
¿Es cosa del periodismo
o una cuestión de arribismo?
¿será que me vuelvo loco
y que he aprendido muy poco?
Yo no sé lo que ha pasado
pero guardo mis petates
y me voy para otro lado.
sábado, 18 de octubre de 2014
noche de lluvia
una niña pendeja
llegó a mi ventana
que tiene reja
y me dijo: - tu hermana
bajo la troja
eleva quejas.
- ¿Pues... qué tipo de quejas
niña pendeja?
- pregunté en la ventana
junto a la reja-.
- Lo que dice tu hermana
bajo la troja
es que si llueve mucho
ella se moja
- dijo la niña casi gitana
entre las hojas.
- Pues llévale una capa,
niña pendeja,
que si se resfría
es peor la queja.
- dije a las hojas
de la pendeja.
- Llevé una capa y con capote
- dijo la niña, en otro brote-
la lanzó lejos, me dio una piña,
es una loca de capirote.
- No dejes que te golpee,
niña pendeja
- arengué en mi ventana
que tiene rejas.
- La invito a jugar tejo,
evito riñas,
No juega tejo,
no teje nada,
y está muy sola.
¿qué hacemos, niño?
¿la busco a Lola?
- gritó la niña
en mi ventana.
- ¿Buscarla a Lola?
- dije, perplejo-
¡a esa ni Lola
viene y la cura!.
No te hagas cargo,
niña pendeja,
quizá chochea
porque está vieja.
- ¿Será por vieja?
¿será por trola?
Ella está sana.
Ella es hermosa
-dijo la ñiña
medio cargosa.
Y mientras tanto,
llovía, copioso...
contra la reja.
- Sos un cobarde,
te hacés el oso
- me dijo la pendeja
como un acoso.
- No la visites,
que no está en cana.
Es la más caprichosa
de las hermanas.
- dije en mi choza
junto a la reja de la ventana.
-¡Hijo de puta
y remalparido!
- gritó la niña
ante mi descuido-
¡ni consideras
que yo he venido!
- Vete a tu casa,
niña pendeja
- dije entre los barrotes
de mi gran reja-
Mañana serán dos
las resfriadas
en este mar de pavadas.
¡Si quieren llámenla a Lola
y que las cure
por desahuciadas!
Cerré el postigo.
Me fui a la cama.
Al día siguiente,
por la mañana,
dormía en mi reja
el dulce cuerpo de la pendeja
junto a mi hermana.
Ambas tosían bajo la capa
y entre chuchos de frío
la dos hipaban.
¡Ay, Señor Mío!
- dije en la puerta-
¡sólo esto me faltaba!
Y las dos me sonreían,
contentas...
¿ serían lesbianas?.
llegó a mi ventana
que tiene reja
y me dijo: - tu hermana
bajo la troja
eleva quejas.
- ¿Pues... qué tipo de quejas
niña pendeja?
- pregunté en la ventana
junto a la reja-.
- Lo que dice tu hermana
bajo la troja
es que si llueve mucho
ella se moja
- dijo la niña casi gitana
entre las hojas.
- Pues llévale una capa,
niña pendeja,
que si se resfría
es peor la queja.
- dije a las hojas
de la pendeja.
- Llevé una capa y con capote
- dijo la niña, en otro brote-
la lanzó lejos, me dio una piña,
es una loca de capirote.
- No dejes que te golpee,
niña pendeja
- arengué en mi ventana
que tiene rejas.
- La invito a jugar tejo,
evito riñas,
No juega tejo,
no teje nada,
y está muy sola.
¿qué hacemos, niño?
¿la busco a Lola?
- gritó la niña
en mi ventana.
- ¿Buscarla a Lola?
- dije, perplejo-
¡a esa ni Lola
viene y la cura!.
No te hagas cargo,
niña pendeja,
quizá chochea
porque está vieja.
- ¿Será por vieja?
¿será por trola?
Ella está sana.
Ella es hermosa
-dijo la ñiña
medio cargosa.
Y mientras tanto,
llovía, copioso...
contra la reja.
- Sos un cobarde,
te hacés el oso
- me dijo la pendeja
como un acoso.
- No la visites,
que no está en cana.
Es la más caprichosa
de las hermanas.
- dije en mi choza
junto a la reja de la ventana.
-¡Hijo de puta
y remalparido!
- gritó la niña
ante mi descuido-
¡ni consideras
que yo he venido!
- Vete a tu casa,
niña pendeja
- dije entre los barrotes
de mi gran reja-
Mañana serán dos
las resfriadas
en este mar de pavadas.
¡Si quieren llámenla a Lola
y que las cure
por desahuciadas!
Cerré el postigo.
Me fui a la cama.
Al día siguiente,
por la mañana,
dormía en mi reja
el dulce cuerpo de la pendeja
junto a mi hermana.
Ambas tosían bajo la capa
y entre chuchos de frío
la dos hipaban.
¡Ay, Señor Mío!
- dije en la puerta-
¡sólo esto me faltaba!
Y las dos me sonreían,
contentas...
¿ serían lesbianas?.
viernes, 19 de abril de 2013
sábado, 23 de marzo de 2013
caminos
Vas por acá o por acá.
Solamente hay dos caminos.
Te ponés en la vitrina
en el medio de la esquina
y pintás la marquesina
salpicando con color
el nombre de otro mejor.
Con suerte y viento a favor
te subirás al carajo
para tocar tu tambor.
Claro que, en cualquier momento,
serás juguete del viento
y acabarás no sé dónde...
donde nadie te responde
y, si mentiste, vas muerto.
Otra cosa muy distinta
es la de cuidar tu quinta
y meter violín en bolsa.
Te atás bien con una soga
y a lo mejor con la droga
y un río de decepción
podés cantar tu canción
hasta que llegue la hora.
Perfil bajo. Perfil bajo.
No subirás al carajo
y nadie se enterará.
Verás la mar en cubierta,
siempre convulsa y revuelta.
Salvarás tu corazón.
Sin ir, estarás de vuelta.
Solamente hay dos caminos.
Es por acá o por acá.
Que los pies no se te enreden
porque entonces... te boleás.
viernes, 1 de febrero de 2013
No hay comentarios je je
No los hay. Ni los habrá.
Yo ya estoy resignado
a que así sea.
Ni siquiera me importa
porque no sé qué haría
si alguno me leyera.
Muy pocas veces vengo
a mirarme al espejo
sin zozobras
y enseguida me voy
para otro lado.
Estoy feliz conmigo
pero me tengo cansado.
Yo ya estoy resignado
a que así sea.
Ni siquiera me importa
porque no sé qué haría
si alguno me leyera.
Muy pocas veces vengo
a mirarme al espejo
sin zozobras
y enseguida me voy
para otro lado.
Estoy feliz conmigo
pero me tengo cansado.
Mirko
Un día serás grande…
Te crecerán las manos y los pies,
El cuerpo, la cabeza, la sonrisa…
Y te irás por una calle larga
... Con un saludo efímero y amable.
(Qué suerte que no soy
Padre ni madre).
Me quedaré pasmado contemplando
Tus ganas de vivir, de hacer tu historia.
Y te veré arañar los imposibles
Y atesorar lo poco que se logra.
Serás maravilloso. Serás mago.
Serás una canción llena de notas
Que yo lagrimearé una por una.
Un día serás grande.
Serás un gran amor, un gran amigo.
Y serás uno más que no se acuerda
Nada, nada de ahora que sos niño.
Agradezco a la vida conocerte
De todo lo que sos
Soy el testigo,
Un pariente nomás…
Del que vas a decir, cuando seas grande,
“ese que pasa ahí, es un buen tipo”.
miércoles, 9 de enero de 2013
El abuelo Salvador
Vaya uno a saber por qué hoy, durante toda la mañana, en el trabajo, me acordé de mi abuelo. Quizá haya sido porque ya siento el peso de los años. Pero no pensé en mi padre, sino en mi abuelo. Mi abuelo me hizo feliz alguna vez.
Ël se vino de Italia, huyendo de la guerra de 1914. Con su mujer pudo armar una familia de siete hijos en un tiempo diferente, quizá más difícil que el actual. Mi abuela se llamaba Manuela, y lo hacía enojar mucho. Siempre andaba en reuniones, casamientos y velatorios. Estas costumbres enfurecían al abuelo que, por lo general, se quedaba en la casa vigilando la parra, arrancando los yuyos, arreglando calentadores viejos, limpiando las fiambreras colgadas en el patio, entreteniendo a los nietos que íbamos de visita.
Mi abuelo no sabía que era geminiano. Si yo se lo decía, él me contestaba: geminiano no, hijo, siciliano, de Sicilia...
Tuvo una vida larga. En sus últimos años anduvo en bicicleta, atándose las bocamangas de los pantalones con los broches de madera que venían para colgar la ropa. También crió canarios, hizo canastos de mimbre y mantuvo una quinta casera donde, entre las hortalizas, crecía un increíble cantero de violetas.
Mi abuelo tenía un galponcito misterioso, donde injertaba rosas, y lo cerraba con candado para que los chicos no entráramos. Cuando se abría la puerta del tesoro, de allí salía un olor que nunca encontré más...
Mi abuelo murió cuando yo tenía catorce años. Toda la familia estuvo presente en el momento final. Pude oir sus últimas palabras, espiando la gran cama donde apenas si se lo distinguía. Me impresionaron esas palabras y no entendí cómo él, mi abuelo, el que todo lo sabía, se fue diciendo eso en una mezcla de quejido, llamado o certeza. Fueron tres palabras. Dijo: Mamma...Mamma...Mamma.
MARTA
- ...¿y dónde le duele?
- ...acá...acá...y...acá...
- ¿y acá? ¿no le duele...acá?
¡Qué vergüenza! Con Marta jugábamos al doctor. ¡Qué sensaciones! No sabíamos por qué lo hacíamos
(si, nos gustaba, sabíamos), pero teníamos que hacerlo. Era un ímpetu irrefrenable. No podíamos jugar a otra cosa.
La época más intensa del juego fue cuando estábamos en lo de los abuelos. Marta vivía con su familia en la parte de adelante de la casa. Yo vivía en la parte del medio. Y el juego empezó a llevarse a cabo en la zona de atrás, o sea... junto a la letrina que ya no usaba nadie, bajo la higuera y la granada, entre el gallinero y la quinta del abuelo. Cuando llegaba la hora de la siesta, yo me iba para el fondo. Ella esperaba que la madre se durmiera y venía. ¡Cómo venía...! Sonámbulos sus dos grandes ojos almendrados, sus pasos pecadores, sonámbulo el miedo... Yo tendría diez u once años y ella siete o menos... Era mi prima. Se llamaba Marta. Le gustaba tanto como a mi jugar al doctor.
¡Uy, qué sol! ¡qué siestas!¡qué jadeos! Concertábamos el juego sin comentar nada, como un impulso vital que no podíamos reprimir. A no confundir las cosas: ni ella ni yo sabíamos de sexo, ni cómo se hacía para usar lo que cada uno tenía y sacarle a la cosa más partido. Era todo cuestión de dos pares de manos ávidas y desesperadas y de palpitaciones y sacudimientos corporales.
Cuando me mudaron a otra casa, Marta iba de visita con su madre. Retomamos el juego frente a un gran espejo en el cuarto de mis padres, pero teníamos que ser mucho más precavidos para elegir el momento.
- Pero usted me dijo que le dolía acá....
- No, acá no. Acá, le dije, doctor, acá...
- Ay, si... cómo me gusta que le duela acá....
Aquello era una orgía de manotazos y palabras suspiradas que explotaba por espacio de pocos minutos, porque siempre estábamos atentos a las interrupciones de los adultos.
Por aquellos años, había una palabra terrible que nos asustaba: degenerados. Nos sentíamos degenerados.
Y éramos dos niñitos imberbes preparándose para las grandes pasiones de la vida. O no. No sé. Yo nunca fui a un consultorio de psicólogo.
Al crecer abandonamos el juego para mirarnos de reojo o evitarnos. Degenerados. El tiempo. Las separaciones. Las familias. Nunca lo hablamos. Y cuando nos encontrábamos por la calle y por casualidad, siempre, siempre, uno de los dos cambiaba de vereda.
Marta falleció hace ya mucho. Si viviera, en un día como hoy, estoy seguro que iría a preguntarle: ¿te acordás de cuando jugábamos al doctor? ¡qué vergüeza! ¡qué irrepetibles sensaciones!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)